Día del perro: ¿humanizarlos o deshumanizarnos?

Cada tercer domingo de julio, desde el año 2004, el mundo celebra al mejor amigo que hasta ahora ha conocido la humanidad: el perro.

Durante toda nuestra Historia (esa que se escribe con mayúscula), los perros han estado presentes junto con los humanos como compañía, como ayuda en las labores de caza, en la transportación, en las tareas del campo, entre otras muchas actividades. Mitologías de diversas culturas coinciden en que son ellos quienes nos esperan para acompañar nuestro camino hacia el más allá. De ese tamaño su importancia.

Actualmente los perros ocupan una gran cantidad de roles al interior de los hogares: asistencia emocional y médica, compañía, seguridad. En algunos casos es en ellos en quienes se está vertiendo el amor de muchas personas que por alguna razón no tienen hijos o nietos. Conozco casos así. Y a pesar de que cada vez más el tema de las mascotas resulta importante en las estadísticas poblacionales e incluso en temas de mercadotecnia, falta mucho por entender la responsabilidad que los dueños de un perrito tienen toda vez que deciden adoptar a uno en sus vidas.

Una de las cosas que me resultan graves es llevar al extremo nuestra relación con ellos. No me malinterpreten, que desde hace años he tenido la fortuna de vivir cerca de ellos y han cambiado mi existencia completa al grado de crear una tienda y poner a la disposición de los demás productos que creo son benéficos para ellos. Pero sí me parece complicado el tema cuando, como en todo, llevamos al extremo nuestras emociones respecto a estos seres vivos. Porque lo mismo hay quienes humanizan a los animalitos, y conscientes o no los llegan a considerar como hijos que necesitan tener suéter, faldas, recámara y hasta su propia carriola con tal de evitarles la fatiga del paseo, o quienes por el contrario deshumanizan toda relación con ellos dejándolos en condiciones precarias en azoteas o patios, amarrados, golpeados, abandonados en botes de basura o en cualquier lugar de la carretera.

¿Cuál es el punto medio? No estoy segura que exista una definición clara al respecto. Al final podría pensarse que se trata simplemente de aplicar la lógica y el sentido común dándoles su lugar como animales que son, pero siempre bajo el entendido que los responsables de su comportamiento somos nosotros, y eso incluye hábitos de higiene pública como la recolección de sus heces fecales.

De ninguna manera esta reflexión intenta evitar que la gente ame con locura a sus mascotas, que las arrope al dormir, que les hable bonito con tono infantil cada vez que el animalito en cuestión aparece en la habitación (eso sucede toooodo el tiempo con Tokotina, que se sabe querida y adora que la adoremos, valga la expresión), pero sí que tampoco llevemos al extremo tantos mimos porque, al igual que con la sobre protección en los niños, crean mascotas inestables en sus emociones, con reacciones no siempre positivas porque, increíblemente, ellos también se reflejan frente a nuestros propios desequilibrios (miedos, inseguridades, depresiones, o por el contrario, prepotencia, arrogancia, intolerancia).

Pero el equilibrio tampoco es pensar que por ser animales no merecen cuidados y menos condiciones dignas de vida, y eso incluye sus procesos de vejez y situaciones de salud que, al igual que los humanos, merman con el paso del tiempo. O creer que solo están para tener perritos que pueden ser vendidos sin mayor control o responsabilidad.

No estoy segura de decir que afortunadamente, hoy en día las leyes están comenzando a contemplar los comportamientos de los humanos respecto a los animales, ya sean perros, gatos o cualquier tipo de animal a nuestro cuidado. Y es que el hecho de que sean las leyes quienes nos indiquen cómo proceder muestra lo lejos que estamos de aprender a tratar de manera respetuosa a otras formas de vida, pero también entre nosotros mismos. Porque seguir reproduciendo a los animalitos sin consciencia alguna no sólo los afecta a ellos sino se vuelve un tema de salud pública, lo mismo que no recoger heces o el no promover la adopción en lugar de la compra, o el maltrato absurdo que los deja incluso con patitas o miembros mutilados.

¿Cuál es entonces el punto medio entre humanizarlos o deshumanizarnos? Lo único que puedo aportar es aplicar la regla de oro hasta con ellos: No hacer a otros lo que no quieras que te hagan a ti. O mejor dicho, tratar con el respeto como te gustaría ser tratado. ¿Ustedes qué opinan?

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